lunes, 13 de abril de 2015

Querido yo.

Querido yo,
no sé cuando leerás esta carta, o si la leerás siquiera, pero quiero que sepas que, pase lo que pase, sigue siendo quien eres, hoy estarás orgulloso de todo lo que has andado.
No sé si la vida que llevo ahora se asemeja demasiado a lo que deseaba cuando tenía tu edad, para nada; no te voy a engañar, pero una cosa tengo clara, ahora no lo cambiaría por nada.
No soy el tío chungo con el que soñábamos, no soy el que más folla ni el que más lo parte, pero sé quien soy y estoy orgulloso de ello, como lo estarás tú cuando llegues a este día.
No he encontrado todavía alguien junto a quien amanecer cada mañana, pero no me preocupa, ahora mismo ni yo me aguanto cuando sale el Sol, como para cargarle ese marrón a otra persona.
Todavía no he encontrado a quien llevar a las comidas familiares, o sí..., bueno, es complicado; pero no te preocupes, mi abuela, tu abuela, nuestra abuela, sigue juntando los pedazos en los que muchas otras nos rompieron en cada abrazo.
Pero, tranquilo, no todo son malas noticias, hay cosas buenas.
He entendido que la felicidad no depende de nadie más que yo, osea tú. He llenado mi vida de gente maravillosa con la que pasarme horas hablando, intercambiando escritos, lágrimas; sí, se puede llorar de alegría pequeño, comidas, sonrisas, vivencias, o simplemente tiempo. Esa gente no te va a hacer feliz, porque tú ya eres feliz, esa gente te va a elevar a algo más que la felicidad, te va a llenar. Y, joder tío, cuando llegues a este punto lo entenderás todo, ahora solo puedo decirte que esas personitas son lo mejor que me han pasado en la vida. Las hay que han llegado por casualidad, vía Facebook, Twitter, Whatsapp, un partido de fútbol, una sonrisa en el pasillo, un comentario en una página web, cualquier cosa. Otras que siempre han estado ahí porque habéis crecido juntos: tus amigos de toda la vida, esos con los que te pasarías horas y horas recordando todo lo vivido juntos. Y otras que llevan tiempo ahí, pero a las que nunca les había prestado suficiente atención. Esas, quizá, son las mejores. Porque llevas años conociéndolas, pero realmente no sabes nada de ellas. Son amigos de amigos, lo típico, a los que tienes agregados y saludas por ahí, pero poco más. Solo te pido una cosa, querido yo, que des un paso al frente y te atrevas a conocer a esas personas, porque quizá, y solo quizá, cambien tu vida.
No te dejes enredar por cantos de sirena, los dos sabemos que eso no nos va. Preocúpate por aquellos que quieres, que quiero, sin dejarlos de lado. Ellos, como dice Rayden, son tu hogar. Yo tengo 9 casas y lo único que intento es que ninguna de ellas me eche de menos.
Hablando de Rayden, Rayman no, Rayden. Todavía no lo conoces, y es normal, ya lo harás. Que sepas que va a cambiarte la vida. Ya se lo agradecerás, algún día, en esas ando yo también. Me prometieron que algún día lo conocería, y ojalá a mí también me escribiera una carta mi yo del futuro para decirme que ya lo he conocido, pero no es el caso, por el momento. Sin embargo, hace nada, he, bueno, has, cumplido el sueño de verlo en directo, y ha sido, de lejos, uno de los mejores días de tu vida. Impresionante, de verdad.
Como lo fue estar en el Calderón, en un partido del Atleti, por primera vez. Sin palabras, el ambiente, la afición... aquello era la gran familia de la que siempre tu padre te había hablado. La gran familia a la que los dos sabemos que volveremos, tarde o temprano.

Querido yo,
no sé cuando leerás esta carta pero quiérete, quiérete mucho. Y quiere todavía más a aquellos que son tu hogar, que han sido tu payaso cuando llorabas y que te han tomado de la mano cuando te has sentido perdido. Quiere a aquellos que han puesto tu vida patas arriba, pero que se han quedado a tu lado a ponerle remedio. Quiere a los que han compartido contigo algo más que un simple recuerdo. Quiérelos como solo tú sabes.

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